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El ‘coaching’ se ha convertido en recurso para quienes buscan encarrilarse hacia sus metas sin que sea necesaria una larga terapia.

Marcela Cruz no se decidía a cambiar de trabajo. Las oportunidades se le abrían en otro campo laboral, pero ella no encontraba en sí misma herramientas para lanzarse a un nuevo escenario en su vida.

La palabra llegó a sus oídos: coaching. ¿Qué era eso? ¿Una nueva moda en los gimnasios? ¿Una terapia? Averiguó más sobre el tema y descubrió que se trataba de un método para desarrollar talento y liberar el potencial de las personas mediante una relación uno-a-uno con un profesional entrenado en facilitar la realización personal y profesional del otro.

¿Algo así como una cita con un psicólogo? Nada de eso. En el coaching ella iba a centrarse en su presente y dirigir su mira hacia el futuro, sin entrar en divagaciones sobre su pasado. Decidió probar. Hoy, Marcela no se cansa de aconsejar el uso de este método para todo el que quiera trabajar en el logro de sus metas y el despliegue de sus capacidades.

En los Estados Unidos y algunos países de Europa, el coaching viene empleándose desde hace unos diez o doce años. En Colombia, la palabra suena desde hace poco, y así mismo son pocos los profesionales especializados en ello. Sonia Sinisterra, psicóloga vallecaucana, es una de las personas certificadas para trabajar como coach.

“Hoy en día encontramos por todas partes ofertas de talleres y asesorías en las que se invita al coaching. Se abusa del nombre. Parece que todo el que ha leído un libro sobre el tema o asistido a un curso de tres días está preparado para ofrecer estos servicios”, señala.

Pero ¿en qué consiste el coaching?

Especialistas lo han definido como una relación que se establece entre dos personas en la que una de ellas (coach) facilita el éxito de la otra (cliente).

Éxito entendido como el logro de las metas, cualesquiera sean las que se haya propuesto la persona: cambiar de trabajo, superar una separación matrimonial, mejorar la relación con los jefes o los empleados, vender de forma efectiva sus servicios, obtener más alto desempeño en su cargo, etc. “Consiste en tener a alguien enfocado en uno, ayudándolo a construir lo que quiere”, resume Sonia Sinisterra.

Del presente al futuro.

El proceso parte de definir con la persona qué es lo que quiere que pase en su vida, cuál es el cambio que busca. Se reflexiona sobre lo que tiene en el presente, y dónde está la diferencia con lo que desea alcanzar.

A partir de ahí se trabaja en reuniones semanales, ya sea personalmente o incluso por teléfono (muy útil para altos ejecutivos con agendas complicadas o viajes continuos), en las que el coach ayuda a entender en dónde están los obstáculos, qué se está haciendo bien o mal en el propósito de lograr los objetivos del cliente.

No se trata de una terapia: el coaching parte del supuesto de que la persona tiene en sí misma los recursos para su desarrollo, y lo que necesita es alguien que le acompañe en el proceso de construir hacia adelante.

Está dentro de las habilidades del coach determinar a tiempo cuándo su cliente lo que requiere es un trabajo psicológico, por ejemplo si la persona está demasiado apegada a su pasado por traumas sufridos, etc.

“Nosotros no reemplazamos la terapia con un psicólogo o un psiquiatra –explica Margarita García, coach–. Trabajamos desde el presente y lanzamos a la persona hacia el futuro. Cuando hay problemáticas serias en el pasado, el coaching no es el camino indicado”.

El coach es un acompañante que observa, cuestiona, confronta, pero no da respuestas ni soluciones ni señala caminos. Con preguntas centradas y esenciales permite que las personas encuentren en sí mismas las herramientas para manejar los problemas y alcanzar sus objetivos.

Es un proceso que tiene un principio y un final muy definidos y que suele durar entre tres y seis meses (en casos excepcionales se extiende un poco más). “Las citas semanales no son para ir a especular entre las nubes ni charlar de cualquier cosa –cuenta Marcela–. Allí se va a mostrar resultados”.

Una de las críticas que se le hace al coaching es que se centra en los síntomas sin buscar las causas, se interesa en respuestas rápidas sin inquirir en las razones profundas que pueden hacer que la persona se encuentre viviendo determinada circunstancia.

“Es claro que el coaching no es la panacea. No soluciona todos los problemas, pero en muchos casos para alcanzar lo que se quiere no se necesita racionalizar demasiado el interior ni forzarse a pensar en cosas de las que a veces ni se tienen respuestas”, afirma García.

Labor debidamente certificada.

Para desarrollar el trabajo de coach no es necesario que la persona se haya graduado en ciencias del comportamiento. Muchos de los más destacados coach vienen de diversas disciplinas.

Sonia Sinisterra de hecho es psicóloga, pero Margarita García es una diseñadora industrial que encontró en el coaching el campo donde poner en práctica su vocación de servicio. Lo importante es que el coach tenga la formación adecuada y esté ciento por ciento interesado en su cliente y no en él.

Una de las claves para saber si se está trabajando con el coach indicado es ver si éste cuenta con la certificación de la International Coaching Federation, una de las organizaciones estadounidenses que está encaminada a estructurar y reglamentar el coaching.

Antes de comenzar un proceso es básico averiguar quién lo va a realizar, pues si la persona no está preparada los resultados pueden no ser los mejores. Según Sonia Sinisterra, “aquí hay muchos que se sientan a conversar y dicen que están haciendo coaching”. Frente al nombre del método existe debate.

Coaching. Unos afirman que viene del vocablo francés que significa carruaje, y que representar el llevar a una persona de un lugar a otro. Otros se inclinan por el inglés, entrenador.

Ambas tienen de cierto, pues durante el proceso la persona va a dirigirse hacia lo que desea alcanzar y va acompañada de alguien con habilidades para ayudarla.

Al finalizar el coaching la persona ya debe tener mayor conocimiento de sí misma y contar con las herramientas para seguir su camino y encarrilar su mira hacia lo que quiere lograr en adelante.

Claves del coaching.

El coach no tiene las respuestas, pero sí las preguntas y las herramientas que ayudan al cliente a descubrirlas.

El coach enfoca la vida del cliente como un todo, no pedacitos de su vida o de su carrera. Esto le permite a la persona analizar que está ‘siendo’ y ‘haciendo’ en el presente y que quiere ser y hacer en el futuro.

El trabajo con un coach se basa en acción y aprendizaje. La acción permite que el cliente avance y el aprendizaje sobre sí mismo va a generarle más recursividad y posibilidades para el futuro.

La agenda la define el cliente, de acuerdo a lo que éste quiera alcanzar en su vida personal y profesional.

La relación es una alianza diseñada entre los dos. Ambas partes deben estar interesadas en que el proceso sea exitoso. “No se trata de comprar un programa de desarrollo personal empacado, sino de crear el que el cliente necesita”, afirman sus desarrolladores.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

   
Manuel Vallejo, Life Coach - Madrid, España
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