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Es una
mezcla entre Pepe Grillo, un entrenador de fútbol, el hada
madrina y la mamá: se llama el entrenador (coach) y es el
nuevo paradigma entre ejecutivos y directores,
profesionales y brokers, artistas y personas obsesionadas
en convertir sus sueños en realidad. El fenómeno se inició
en Estados Unidos hace un par de años, donde el entrenador
reemplazó al siquiatra de cabecera, y se ha extendido por
las urbes industrializadas, sobre todo a nivel de
ejecutivos que se reciclan de jefes a líderes en la nueva
era del management.. Sin embargo, del área de los negocios se ha extendido a
otros sectores de la actividad humana. Para ganar el juego
existencial, para establecer una relación, para ser más
organizado o para des-estructurarse. Existen entrenadores
personales o de grupos. Su tarea es motivar y lograr
resultados concretos. Se puede tener un entrenador en
persona o uno virtual. No importa: si se contrata sus
servicios la persecución será por cielo y tierra. A través
de fax, teléfono, e-mail, por carta y por supuesto,
físicamente. ¿Quién necesita un coach? Todos, según la
experta norteamericana Dinnah Pladott, pues opina que
siempre nos será útil.
Lo esencial es identificar con claridad aquellos problemas
aparentemente insolubles o deseos que no se materializan.
Por ejemplo, cuando alguien siente que está estancado,
haciendo más de lo mismo, y con deseos de moverse en una
nueva dirección. O cuando existe la percepción de estar
ante un claro momento de cambio en la vida personal o
profesional. Es también aquel libro que aún no se ha
escrito, ese instrumento que no se domina, esos kilos que
no desaparecen, ese ascenso no logrado, ese postgrado no
obtenido. Allí estará el coach para decirle a su pupilo
que sí lo logrará, no con una varita mágica pero a través
de un plan bien estructurado y realista, con un chequeo
diario de tareas y un encuentro semanal para comprobar los
avances o retrasos. No hay reprimendas pero sí
reconocimiento a los adelantos y el consuelo de que
siempre hay otra oportunidad.
¿Qué necesita el potencial pupilo? El verdadero deseo de
cambiar, el valor de olvidar la frase “siempre lo hecho de
esta manera”. El convencimiento de que los fracasos son
nuevas formas de aprender, la osadía para probar nuevos
métodos sin establecer juicios a priori.
El coach en los negocios.
Una de las definiciones de
management plantea que su objetivo es conseguir realizar
ciertas cosas a través de otros. Sin embargo, el mayor
problema en la labor de los managers es el de no poder
ejercer influencia o motivar a su equipo y muchas veces ni
siquiera lograr comunicarse apropiadamente, con los
consecuentes resultados negativos para todo el sistema.
Por otra parte, la velocidad del cambio en el actual mundo
de los negocios enfrenta a los ejecutivos a una serie de
desafíos:
Respuestas más rápidas
Mayor cantidad de factores a considerar en la mayoría de
las decisiones
Mayor cantidad de información para procesar
Mayor exposición
Mayor vulnerabilidad en su rol de manager pues hay más
información a disposición de todos
En el llamado nuevo ambiente de negocios ya tampoco existe
cabida para la mítica zanahoria y el tradicional memo
plagado de críticas está pasado de moda. La solución llegó
desde el mundo deportivo, en el que la figura del
entrenador gritándole a sus pupilos “¡Tú puedes!”, alertó
a una serie de profesores de escuelas de negocios y
empresarios, los que decidieron implantar un proceso de
reciclaje de sus cuadros ejecutivos. Se pensó que había
que percibir el management desde otro punto de vista.
Surgió entonces el fenómeno del coaching y comenzó la
llamada regeneración del ambiente de negocios a través del
entrenamiento a los ejecutivos. El proceso implicaba una
verdadera marcación al hombro.
En este contexto se ha definido al coaching de negocios
como un proceso interactivo entre ejecutivos, o entre
ejecutivos y subalternos, con el objeto de mejorar las
conductas, los procesos mentales y la actuación “en la
cancha” en general.
El coach del ejecutivo.
El propósito del coach es
ayudar al ejecutivo a mejorar su desempeño, mostrarle
nuevas perspectivas, priorizar sus objetivos y de paso
mejorar el negocio, sin convertirse en un competidor ni en
un evaluador de su quehacer. Juntos llevan adelante un
programa específico, hecho a la medida del individuo y de
su empresa, para lograr el desarrollo de sus fortalezas,
para minimizar sus debilidades, mejorar su actuación y
competitividad, y ganar nuevas destrezas.
Lo esencial es enfocarse en dos grandes objetivos: poder
resolver una gran variedad de problemas y hacer que las
nuevas oportunidades de negocios fructifiquen. Para ello
el entrenador aporta con asesoría práctica que, como su
nombre lo indica, debe ser puesta a caminar al instante,
pues la idea es mejorar el desempeño ejecutivo a través de
la experiencia.
Según la empresa norteamericana Acorn, un coach debe:
(¿RECUADRO?)
Ayudar a definir los objetivos de la empresa y del manager
Ayudar a definir objetivos que conduzcan a ello
Sugerir una variedad de enfoques apropiados de manera que
el ejecutivo conquiste una meta importante
Ayudar a mantener el enfoque tanto en los objetivos a
largo como a corto plazo
Ayudar a monitorear los progresos logrados en el proceso
de conseguir las metas planificadas
Involucrar otros expertos que ayuden a enfocarse en áreas
definidas como problemas
Sin embargo, el coach se mantiene siempre en un segundo
plano: la estrella es el ejecutivo. Su bajo perfil asegura
el lucimiento de su pupilo mediante el sistema de una
cadena de pequeños cambios cada día que se basa en tres
principios básicos:
La importancia de desarrollar ideas apropiadas
La necesidad de probar, apropiadamente, esas ideas
La utilización de los resultados para crear más ideas
Según Acorn, el método es muy eficaz si se llevan a cabo
una serie de continuas mediciones acerca de los
mejoramientos e innovaciones, lo que a la larga le
proporciona a toda la empresa una gran ventaja competitiva
sobre sus adversarios. Además, se ha demostrado que el
coaching ayuda también a resolver uno de los más serios
problemas actuales: el manejo de aquel escaso recurso que
es el tiempo, del cual el ejecutivo toma absoluta
conciencia porque hay una persona que está observando cómo
lo utiliza o cómo lo malgasta.
Sin embargo, en cierto momento el ejecutivo se
transformará a su vez en coach de sus subalternos, lo que
plantea una evolución sin precedentes en el mundo de los
negocios pues se convertirá de jefe en líder, de temido
gerente a la persona que deberá utilizar toda su
inteligencia emocional en beneficio de toda la empresa.
El ejecutivo como coach.
Dice un antiguo proverbio
oriental que no hay que regalar el pescado sino que hay
que enseñar a pescar. Hoy en día el manager ya no puede
seguir jugando el viejo rol del líder funcional, el
experto, la fuente de poder, sino que debe asumir el papel
que le corresponde en la nueva era de los negocios: el
líder natural del equipo, el facilitador, la persona que
puede influenciar, inspirar ¡el entrenador!
El gran desafío de la transformación de gerente a
entrenador radica en internalizar una nueva manera de
ejercer el poder. Y en este camino lo va guiando su propio
coach. Esto significa ir aprendiendo un nuevo estilo de
trabajo y, al mismo tiempo, ponerlo en práctica al
interactuar con los distintos grupos, en el día a día. Las
conversaciones cotidianas entre ejecutivos o entre éstos y
sus empleados son, potencialmente, oportunidades de
entrenamiento. En esta acelerada época de cambios
globales, no hay tiempo para asistir a cursos. El coach se
relaciona diariamente con su pupilo-ejecutivo a través de
cualquier tipo de medio, y éste a su vez pone en práctica
la teoría con su personal. Después, se hacen las
evaluaciones y ajustes correspondientes. Es la puesta en
práctica de la teoría de que el cambio se
produce..cambiando.
La transformación.
El coaching es un proceso de
desarrollo de personas con un propósito determinado, pero
en este caso va incluso más allá: en el ámbito
empresarial, pretende involucrar a los empleados en los
procesos de planificación, de creación y en el de
resolución problemas. Una de las primeras reglas de oro es
darse cuenta que no se puede cambiar todo a la vez, sin
olvidar la gran resistencia a la innovación que todos
poseemos. En un comienzo, se invierte bastante tiempo en
el reciclaje de jefe a entrenador pero es una inversión
que a la larga reditúa porque se fomenta el desarrollo de
una nueva cultura de negocios. ¿Cómo se logra la
transformación?
Primero que nada el convencimiento de que lo que hace a un
coach no son ni los títulos, ni las apariencias o el traje
sino que es el reconocimiento y aceptación del equipo. Uno
de los más importantes trabajos del coach es ayudar a los
miembros a “ver”. Generalmente, las personas son
totalmente inconscientes de cómo trabajan, de qué sistemas
utilizan para ordenar su tiempo, de cómo priorizan las
actividades. Otra gran labor es aprender a escuchar. Se ha
descubierto que todos los grandes coaches son –y han sido-
grandes escuchadores. La situación es la siguiente: basado
en lo que el coach ve y escucha, propone nuevos métodos de
trabajo. A su vez, recibe el feedback del equipo. La gran
prueba para todo entrenador empieza con la pregunta ¿lo
hacemos a mi manera o me ajusto a los pensamientos de mi
equipo?
Sin embargo, sin la autoridad otorgada por el pupilo o por
el equipo, sin su reconocimiento, no convencerá a nadie.
La única manera de mantener el liderazgo en esta nueva era
del management, es transformando el paisaje de la empresa:
las relaciones en el trabajo deben ser reinventadas. Esto
significa que el abuso de autoridad, la competencia y el
juego de políticas internas no son tan importantes como
construir relaciones que duren. Es la combinación
equilibrada entre manager y coach la que produce un estilo
de comunicación más proactivo y el que ofrece más
posibilidades de éxito. La cooperación y el fomento de
lazos de confianza se están convirtiendo en los atributos
bases de los managers de esta era.
Ser un coach y no actuar como uno (¿RECUADRO?)
Pasar de las tareas corrientes del manager como preparar
el presupuesto anual, planear nuevas estrategias o
reclutar nuevo personal, entre otras, a asumir el nuevo
rol de entrenador, no significa solamente añadir otro
sombrero a su repertorio. Ser un coach significa:
Comunicarse de una manera abierta y sincera
Dar feedback claro a los otros
Tratar a la gente con respeto, confianza y dignidad
Que los otros se responsabilicen por sus actos
Hacer seguimiento, ser responsable y hacer lo prometido
Permanecer abierto al feedback de otros
Respetar la diversidad, aceptar a los otros
Hacer lo que se dice
Compartir buenas y malas noticias
Compartir la visión de futuro
Una de las vigas maestras de esta nueva metodología
consiste en hacer un acuerdo entre los involucrados, en
donde todos acceden a actuar según una escala de valores y
creencias predeterminada. Estas reglas del juego deben
proporcionar un entendimiento básico entre coach y
jugador. No es el aspecto más placentero del entrenador el
enfrentar problemas, pero hacerlo con la “cancha rayada”
es vital para resolverlos. Sin embargo, no hay que
equivocarse: el manager/coach tiene la última palabra y en
ese contexto, una vez tomada una decisión, “o se está
conmigo o se está contra mí”. Todo dentro del marco de una
autoridad otorgada por el equipo de subalternos y ganada
por el coach. Para ello, el ejecutivo debe haber vencido
sus propios demonios y estar muy seguro de sus decisiones.
Como apunta Stephen Covey, business coach norteamericano,
“primero gane la batalla interna y después salga a hacer
coaching a otros”.
Al hacer el rayado de la cancha hay que tener en cuenta
varios elementos esenciales:
Crear confianza
Cultivar la relación
Desarrollar continuamente a los miembros del equipo y a
uno mismo
Estar abiertos a nuevas ideas
El hecho de crear confianza involucra factores claves como
la consistencia, la confiabilidad, el respetar los
compromisos. El aceptar a los otros como son, reservándose
el juicio y estar abiertos a nuevos enfoques y estilos de
actuación. Tiene que ver con ser competente, con
mejoramiento continuo y el aprendizaje de nuevas
habilidades. Sobre todo, implica respeto: ser respetuosos
consigo mismo y con al gente que dirige.
Cultivar una relación significa que no cabe una
conversación ocasional o una reprimenda. Se trata de estar
involucrado en forma cercana y continua con los jugadores,
observando, interactuando y respondiendo a las necesidades
de desarrollo de los miembros de su team.
El desarrollo continuo es lo contrario de controlar, o aún
más, de competir. Tiene que ver además con estar abiertos
a nuevas ideas, a la innovación, que no es sinónimo de
anarquía: los asuntos relacionados con la ética, la
integridad o los valores de fondo no son negociables. Esto
es atingente a las dos partes por igual pues el proceso de
entrenamiento es una cancha con dos arcos. Y en la cancha
se ven los gallos... |