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Nuestra
vida cotidiana es profundamente igualitaria. Todos
recibimos 24 horas diarias para vivir. Si tenemos un
promedio de ocho horas para dormir, nos quedan todavía 16
horas cada día. En esto todos somos iguales.
Lo que hace la gran diferencia en la vida es el modo como
aprovechamos este tiempo disponible. Para una gran
cantidad de personas esto es muy poco tiempo. Quizás sea
tu caso. Por ejemplo, si pasas las horas con miedo,
inseguridad, falta de confianza en ti mismo y con temor a
equivocarte, el tiempo se pasará sin darte cuenta. Al fin
del día encontrarás que nada constructivo has hecho en la
vida.
En otros casos, esas 16 horas parecen eternas. Por
ejemplo, para quienes tienen actitud mental negativa, para
quienes viven quejándose de los demás, culpando a los
otros de lo que les sucede, esperando que los demás hagan
algo para ser felices.
Los que juegan al “si no
fuera por ti”. Si no fuera por ti, estudiaría. Si no fuera
por ti, trabajaría. Si no fuera por ti, habría sido feliz,
etc. Son los que se les pasan las horas culpando a los
padres, al colegio o al gobierno de turno de su
mediocridad.
Una
mediocridad artificial, desde luego, porque las
capacidades intelectuales, afectivas y físicas están
intactas. Sólo que al culpar a los demás de lo que les
sucede, les han entregado el control de su vida a otros.
Entonces, esas horas diarias son largas y poco
productivas.
Si enfrentas tu cuota diaria de vida con alegría y
positividad, con disposición a disfrutar lo mejor posible
de lo que te tocó vivir, entonces tendrás unas horas
productivas y muchas veces, deliciosas. Nadie tiene todo
lo que quisiera, pero mientras se actúa para conseguir una
mejor calidad de vida, se puede vivir intensamente.
Hay muchas situaciones que
disfrutar: el estar vivo, escuchar buena música, la
conversación con un amigo, ingerir una comida sana,
manifestar afecto a otra persona, los árboles y las aves
que se posan en él, las flores del jardín, el cielo y sus
nubes, un trabajo bien hecho,... Son cientos de pequeñas
situaciones diarias de las cuales se puede aprender a
disfrutarlas.
Tu actitud mental positiva, tu alegría de vivir, el amor
que entregues a los demás, tu disposición para el
servicio, son actitudes que te harán disfrutar de tus
horas diarias, cualquiera sea la circunstancia o el lugar
donde te toca vivir. Si ya estás en este mundo, ¿no es
mejor disfrutarlo?
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