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La
benevolencia es una buena voluntad silenciosa, es como el
sol que brilla sobre la tierra dura
aflojándola, derritiendo el hielo, pero sin propósito o
intención alguna de hacer bien.
Para el sol es una acción natural hacerlo y por esto
consigue el resultado. Porque la tierra no se siente en
deuda con el sol.
De igual
forma, ser el preceptor de benevolencia significa recibir
algo por lo que no hay recompensa, ni siquiera una presión
a la cual responder. Por esto uno fácilmente recibe
benevolencia.
La benevolencia es una condición de ser que depende de sí
misma y no tiene nada que ver con los sentimientos de
misericordia o predilección, no con impulsos repentinos de
amor, simplemente es.
La benevolencia no ofrece nada específico pero todos se
sienten atraídos hacia ellas.
Tampoco
ofrece respuestas, pero permite pensar. No enseña nada,
pero su presencia permite aprender.
Ser benevolente es la mejor forma de ayudar a una persona
ya que la benevolencia, igual que la luz del sol, no tiene
forma de filtrarse hacia los tranquilos rincones del
pánico, en la mente y aligerar su carga.
La benevolencia es la virtud menos invasora y a la vez es
bien acogida en todas partes.
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