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Cómo sentirse feliz
Por ti coach
 

 

 

 

 

 
 
Una responsabilidad cotidiana de cualquier líder de equipo ya sea de trabajo, de labor social, deportiva, etc. consiste en conseguir que su gente que dé el máximo esfuerzo, que luche hasta el final, que corra sin descanso.
 
Dicha responsabilidad que viene intrínseca en cualquier papel de líder, aunque suena sencilla de cumplir, es una de las empresas más difíciles.

En un mundo perfecto, un grupo de trabajo debería motivarse a la menor sonrisa de su líder. Claro está, lo anterior sucede cuando existe el líder y los integrantes perfectos.

Sin embargo, en los equipos formados por seres humanos comunes y corrientes (como tú y como yo), el obtener el máximo resultado de un equipo no es una labor cotidiana, es un arte. Un arte que algunos nacen con él, y otros lo tenemos que aprender.

Hay veces que el simple “vamos equipo” no es suficiente. Cuántas veces nos hemos sentido frustrados por ver que nuestros hijos, pupilos, compañeros, subalternos, o cualesquiera que sean los integrantes de los equipos que nos toca encabezar en la vida, no alcanzan su máximo potencial o se hunden en la mediocridad a pesar de tener la capacidad para lograr las metas del grupo.

Peor aún, cuántas veces el líder se pasa buscando medios para motivar a la gente (premios, regaños, sermones, chantajes, despidos, etc.) y parece que en lugar de mejorar las cosas, empeoran.

Cuando todo lo anterior falle, cuando ya no halles salida, tómate un momento de respiro. Regresa a lo básico. Hay veces que el ruido de la cotidianidad y la presión de los resultados nos hacen olvidar que además de las metas del equipo, deben existir metas y valores personales que nos arranquen de lo más profundo esa fuerza de lucha, de pasión, de agallas.

Como líder necesita encontrar en cada persona ese motivo que despierta en él la adrenalina y hace hervir su sangre, ese motivo que sin duda, lo lleva a superar cualquier obstáculo y encontrar en él capacidades inimaginables.

Que tu equipo encuentre su motivo, que dedique su lucha a un ideal, a un sueño (espiritual o de carne y hueso). Asegúrate que ese motivo sea honesto y que exalte el espíritu humano. Aún cuando los resultados sean adversos, levanta la cara y recuerda a todos por qué están luchando.

Si llevas a cabo con éxito tú labor, te aseguro que algún día, con lágrimas en los ojos, te darás cuenta que uno de los motivos del equipo, fuiste tú.

 

Para todos mis compañeros de promoción en el curso avanzado de coaching

 

"Cada cual es como Dios le ha hecho, pero llega a ser como él mismo se hace"

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

   
Manuel Vallejo, Life Coach - Madrid, España
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