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Una responsabilidad cotidiana de cualquier líder de
equipo ya sea de trabajo, de labor social, deportiva,
etc. consiste en conseguir que su gente que dé el máximo
esfuerzo, que luche hasta el final, que corra sin
descanso.
Dicha responsabilidad que viene intrínseca en
cualquier papel de líder, aunque suena sencilla de
cumplir, es una de las empresas más difíciles.
En un mundo perfecto, un grupo de trabajo debería
motivarse a la menor sonrisa de su líder. Claro está, lo
anterior sucede cuando existe el líder y los integrantes
perfectos.
Sin embargo, en los equipos formados por seres humanos
comunes y corrientes (como tú y como yo), el obtener el
máximo resultado de un equipo no es una labor cotidiana,
es un arte. Un arte que algunos nacen con él, y otros lo
tenemos que aprender.
Hay veces que el simple “vamos equipo” no es suficiente.
Cuántas veces nos hemos sentido frustrados por ver que
nuestros hijos, pupilos, compañeros, subalternos, o
cualesquiera que sean los integrantes de los equipos que
nos toca encabezar en la vida, no alcanzan su máximo
potencial o se hunden en la mediocridad a pesar de tener
la capacidad para lograr las metas del grupo.
Peor aún, cuántas veces el líder se pasa buscando medios
para motivar a la gente (premios, regaños, sermones,
chantajes, despidos, etc.) y parece que en lugar de
mejorar las cosas, empeoran.
Cuando todo lo anterior falle, cuando ya no halles
salida, tómate un momento de respiro. Regresa a lo
básico. Hay veces que el ruido de la cotidianidad y la
presión de los resultados nos hacen olvidar que además
de las metas del equipo, deben existir metas y valores
personales que nos arranquen de lo más profundo esa
fuerza de lucha, de pasión, de agallas.
Como líder necesita encontrar en cada persona ese motivo
que despierta en él la adrenalina y hace hervir su
sangre, ese motivo que sin duda, lo lleva a superar
cualquier obstáculo y encontrar en él capacidades
inimaginables.
Que tu equipo encuentre su motivo, que dedique su lucha
a un ideal, a un sueño (espiritual o de carne y hueso).
Asegúrate que ese motivo sea honesto y que exalte el
espíritu humano. Aún cuando los resultados sean
adversos, levanta la cara y recuerda a todos por qué
están luchando.
Si llevas a cabo con éxito tú labor, te aseguro que
algún día, con lágrimas en los ojos, te darás cuenta que
uno de los motivos del equipo, fuiste tú.
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