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Feliz se siente aquella persona
cuyos objetivos van siendo cumplidos, a pesar de las dificultades.
Es
la ausencia o frustración del "proyecto
personal" lo que provoca esa sensación de
infelicidad que parece ir apoderándose cada vez
de más personas.
¿Qué
es lo que puede realmente colmar esta sed insaciable
y esa tendencia incontenible del hombre a ser feliz?
La
respuesta es el bien. ¿Qué quiere decir
esto? El bien entendido en la medida que en él
no hay nada que no sea bueno, es decir, que tiene la
capacidad de satisfacer por completo y definitivamente
la más profunda sed del hombre. Siguiendo esta
línea argumental podemos afirmar que la felicidad
consiste en conocer y amar lo bueno.
Amar
quiere decir estar junto a aquello que se ama. Por eso
no hay felicidad sin amor, no es posible, es un ingrediente
indispensable para la felicidad, pero el amor no es
suficiente, sino que requiere su incrustación
en el proyecto personal.
Feliz
se siente, a cierta altura de la vida, aquella persona
cuyo proyecto-realidad es ascendente, los objetivos
propuestos van siendo cumplidos, a pesar de las dificultades,
muchas de ellas inesperadas, como se encuentran en tantos
recodos del camino, ahora bien, el que me sienta feliz,
no implica el cumplimiento de todos mis propósitos
de trabajo, esto es casi una utopía.
El
hombre es como una sinfonía incompleta, se está
siempre haciendo, siempre es superable su actuación,
nunca puede decir he alcanzado bastante, pero es que
además la vida es azarosa y puede que mañana
cambien el rumbo de los acontecimientos y éstos
se tornen difíciles y hagan mi vida casi imposible.
La
competitividad actual en casi todos los planos del mundo
laboral es tan alta que si no la sabemos entender bien
es probable que termine problematizándose, llenándonos
de agresividad y desconfianza.
Cuando
ese vector que me proyecta hacia adelante va cumpliendo
los objetivos profesionales propuestos, con las naturales
modificaciones que la vida comporta es entonces cuando
percibo esa plenitud confiada de que estoy realizándome.
Soy
feliz ,cuando mi vocación como hombre, en mi
trabajo, en mis afectos y en el plano cultural, se va
desarrollando positivamente y en tanto en cuanto he
sabido aceptar los cambios, las modificaciones y la
acción de tantos aspectos inesperados como han
recaído sobre mi.
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