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¿No sería
maravilloso que todos los demás nos trataran amablemente?
¿Cuántas veces al tener que tratar con una persona, por
cualquier motivo que sea, te sientes disgustado por la
manera en que se dirige a ti? Esto puede cambiar si
entiendes un principio muy sencillo: los demás te tratarán
de la misma manera que tú los tratas a ellos. Pero no
basta con entender este principio: además debes esforzarte
por poner en práctica las consecuencias del mismo.
El crecimiento personal no se consigue sin esfuerzo, pero
no es un esfuerzo doloroso. No se trata de una dieta para
perder veinte kilogramos en un mes comiendo dos lechugas y
una zanahoria por día. ¡Los retorcijones que tendrás en el
estomago ciertamente no aumentarán tu felicidad! Aquí se
trata justamente de todo lo contrario: de que aumentes tu
cuota de felicidad, de que cada día te sea un poco más
agradable.
Sin embargo, tampoco basta solamente con conocer y
entender los principios. Ésta es la causa de la desilusión
de mucha gente, que cree que con haber captado un
principio del crecimiento ya es suficiente, y, cuando no
ven los resultados que esperaban, enseguida abandonan todo
pensando que es inútil. Además de haber entendido los
principios, que generalmente son muy sencillos, hay que
ponerlos en práctica, y éste es el esfuerzo del que
hablaba: la persistencia en la práctica diaria de los
principios aprendidos.
Con respecto al tema que nos ocupa ahora, contesta la
siguiente pregunta: si tu manera de relacionarte con las
personas es, a cada uno que encuentras, tirarle una
piedra, ¿qué piensas que harán los demás contigo?
Obviamente, devolverte la piedra que les has tirado y, tal
vez, agregar otra por cuenta propia. En este caso verás un
ejemplo de que lo das es lo que recibes.
Piensa un poco: ¿qué es lo que arrojas a las personas que
se encuentran contigo? O dicho de otra manera: ¿qué es lo
que se desprende de ti cuando haces contacto con un
semejante? Si lo que sale de ti es una sensación de
rechazo y de disgusto, esto es lo mismo que la otra
persona experimentará con respecto a ti. Lo mismo que
damos es lo que recibimos. Y acá no cuentan solamente las
palabras que digas, sino muchas otras cosas.
Existe un lenguaje que no es verbal, sino corporal. La
expresión de la cara es muy importante en este lenguaje,
aunque hay otros medios de comunicación no verbal, como la
postura del cuerpo. Puedes verbalizar la frase "Buenos
días", pero lo que importa no son las palabras (o no
solamente las palabras), sino la forma en que lo dices y
tu expresión facial en ese momento. Lo que dices sin
hablar puede contrarrestar completamente las palabras que
pronuncias.
Muchas personas desconocen por completo este aspecto de la
comunicación humana, fiándose por entero de las palabras
que dicen, y después no entienden los resultados que se
producen. ¿Cómo -se preguntan- si yo lo saludé
amablemente, me contesta de esa manera? Es que lo que
importa no es lo que se dice, sino cómo se lo dice. La
actitud revela más que las palabras, y la gente lo que
percibe es la actitud y no las palabras.
Cuando llegamos a este punto podemos preguntarnos porqué
ocurre esto de que el lenguaje verbal va en un sentido y
el lenguaje corporal va en otro. La respuesta es que el
lenguaje corporal es inconsciente en la mayoría de las
personas, ya que sólo a través del entrenamiento se
consigue controlar tanto el lenguaje hablado como el
lenguaje corporal. La mayoría de las personas no tiene un
grado de conciencia de su cuerpo suficiente como para
controlar lo que éste dice.
Al ser inconsciente el lenguaje corporal, está revelando
lo que realmente pensamos. En el progreso de la evolución,
el lenguaje hablado es de aparición tardía con respecto al
lenguaje corporal. Los animales, que no hablan, se
comunican solamente a través de este último. Cuando se
encuentran dos perros, no se hablan; se comunican a través
del lenguaje de sus cuerpos. Es por esto que el lenguaje
corporal tiene preponderancia sobre el lenguaje verbal.
Si una persona te habla cortésmente y al mismo tiempo
agita su puño cerrado delante de tu cara, a lo que vas a
hacer caso es a este gesto y no a lo que te diga. Esto es
así porque inconscientemente vas a suponer que ese gesto
representa su real forma de sentir y no lo que te está
diciendo. Esto es correcto en la mayor parte de las
personas; si su actitud hacia los demás es de hostilidad,
ello se traslucirá a través de la capa de urbanidad que
representan sus palabras.
Por lo tanto, para evitar que los demás te traten con
hostilidad, lo primero que tienes que hacer es eliminar la
hostilidad dentro de ti mismo, porque, aunque quieras
disfrazarla con muy bonitas palabras, la gente hará caso a
lo que realmente sientes y que se percibe a través de tu
lenguaje corporal. Y si lo que perciben es hostilidad,
pues hostilidad es lo que vas a recibir a cambio. |