Compartir
Aumenta tu poder interno
La autoconfianza
Conócete a ti mismo

Control de la mente

Cuando todo queda para mañana

El poder del sentimiento positivo

El ser verdadero

Fluir

Hay algo que resolver

He aprendido

La motivación para cambiar

La felicidad

La resistencia al cambio

 

 

De repente y, sin saber por qué, cualquiera puede hacer un súbito avance en el conocimiento de si mismo, o en la toma de su autoconciencia. Pero, cuando ello ocurre así, espontáneamente, el efecto dura muy poco. Aunque el momento sea realmente increíble en intensidad y claridad, pasa con celeridad sin producir transformaciones profundas ni duraderas. Las fuerzas que sostienen el mundo de los objetos materiales regresan con renovada tenacidad, la inercia, el miedo, la atracción de los viejos hábitos, todo nos "aconseja" seguir en donde estamos.

¿Quién sabe lo que puede llegar a traer lo desconocido? Un ser completamente nuevo, quizás. ¿Podría o se animaría a sobrevivir en el duro mundo de la realidad material?. Desde niños nos vienen enseñando a no ser demasiado sensibles, ni demasiado abiertos, por el temor a convertirnos en personas muy vulnerables. De ese modo, se instala dentro de nosotros un conflicto muy preocupante: la lucha entre el amor y el poder, la batalla entre lo que sentimos y lo que tenemos.

¿Y qué hacemos? Empezamos a "dibujar" el amor, a "sublimar" el amor, a hacer sublime y aceptable lo "prohibido". Y le damos formas muy especiales, una de ellas la compasión. La compasión es una forma "permitida" del amor. Toma a los otros como son, sin juzgarlos, sin sensación de superioridad. Por lo tanto, es la sensación a la que el ser se adapta con más facilidad. Por otra parte, la compasión es verdad y ese es su gran atractivo. La compasión se encuentra en el núcleo de la naturaleza humana para encubrir lo que, de otra manera, llamaríamos egoísmo. La psicología moderna trata al egoísmo como uno de los impulsos fundamentales del carácter humano. Sin embargo, la compasión es solo una de las caras visibles y "autorizadas" del amor humano.

El amor es primario y la compasión es secundaria. Cuando aparece el amor, sin restricciones ni barreras, aunque sea apenas por un instante, es el verdadero ser el que aparece, como el sol entre las nubes. El amor en si es eterno, todas las otras formas que adquiere son pasajeras, son giros o volteretas que da la mente dentro del yo (con minúscula), o sea el ser pequeño, limitado y temeroso. Es muy difícil demostrar esto, pero el amor es recibido con alivio y júbilo cuando se lo da sinceramente, sin máscaras ni reproches, desde el Yo (con mayúscula) verdadero.

Descubre tu Yo profundo.

Es importante perseguir el sentido de la esperanza y buscarlo en la conciencia. Es algo así como un tanteo de inquietos sentimientos en lo más recóndito del cuerpo. Es un anhelo positivo en si mismo que tiene que ver con lo que se llama experiencias cumbres, es decir una de esas generalizaciones de los mejores momentos del ser humano. Vale la pena descubrir que tales sensaciones provienen de vivencias muy profundas, como los instantes de inspiración, los intercambios de amor intenso y maduro, las gratificaciones sexuales de entrega y plenitud totales.

Sin duda, el principal componente de nuestras experiencias cumbres de vida son las emociones: la emoción por la verdad, la belleza y la bondad. En última instancia, el mejor modo que una persona tiene de averiguar lo que realmente puede hacer, es descubrir quien es y que es, porque el camino hacia las decisiones importantes pasa por "lo que se es", por el descubrimiento de la verdad, realidad y naturaleza de la propia persona. Cuanto más conoce uno su vida interior, sus más íntimos deseos, su temperamento y su personalidad, lo que en el fondo se busca y se anhela, lo que más satisface, tanto más sencillas serán las elecciones de valor que uno haga.

Ser y devenir existen simultáneamente, el uno junto al otro. Viajar puede ser un placer en si mismo, no necesita ser un medio para un fin. El logro de la identidad, autenticidad y auto-relación, no supone ciertamente la solución automática de todos nuestros dilemas interiores, pero una persona que los vea con claridad puede afrontarlos mucho mejor. La vía o el camino es uno solo: el encuentro con el amor del ser. Descubre entonces quien eres y llega a ser lo quieres ser, el cielo existe ya, diría Wayne Dyer. El Yo, hacia el cual queremos ir, vive en un sentido muy real. Solo nos queda saber descubrirlo y darle nosotros mismos (y no los otros, o nadie por nosotros) su propia vida.

Más allá del Yo.

El punto de partida es el Yo, porque una relación correcta con el Yo es primordial y de allí provienen todas las relaciones correctas posibles con nuestros semejantes. El Yo debe conservar la modestia, sean cuales fueren sus méritos. El Yo debe ser amable, leal y moderado, pues solo así su forma de vida estará verdaderamente encaminada. El Yo debe estar en el mundo, pero sin adoptar una postura cerrada, rígida, estrecha o crítica. El Yo debe mostrarse receptivo por igual a los impulsos que fluyen del interior del ser y del mundo exterior.

El Yo debe procurar vivir la vida ordinaria de un modo extraordinario. El Yo no debe olvidarse nunca de lo que llega a ser y luego pasa. El Yo debe concentrar su atención en lo que permanece, en lo eterno, en lo que nunca cambia, en lo inmutable. Eso es lo mínimo que se le debe exigir al Yo.

Cuando el Yo está en un momento de gran crecimiento o de expansión, debe concentrarse en la rectificación del camino de la vida porque, por regla natural, todo gran progreso debe ser precedido y seguido de grandes rectificaciones. Nunca es el momento de ir haciendo méritos para obtener el reconocimiento ajeno.

Tampoco hay que concentrarse exclusivamente en los resultados; al contrario, hay que conformarse con realizar la diaria tarea por la tarea en si misma. A este respecto, encontrarán más problemas aquellos que siempre tienen la vista puesta en un objetivo, que quienes no se hayan olvidado de jugar y sean más capaces de trabajar simplemente por su amor al trabajo.

En ello estriba el secreto de experimentar un verdadero presente. Si te abren el Yo por la mitad, que se vea reflejada en su interior la imagen de la alegría. El Yo siempre deberá tener la acrobática energía del equilibrista y el trapecista. El Yo ha de proporcionar equilibrio al yo: conócete a ti mismo y no cometas excesos. Con estas palabras debería empezar el alfabeto de una vida sana.

   
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

   
Manuel Vallejo, Life Coach - Madrid, España
© Copyright 2004 tucoach.com. Inc. All rights reserved