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Reflexión de septiembre de 2004 |
nº 6 |
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Las elecciones de la vida. |
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Escuchar al alma y escoger en profunda fidelidad al llamado interno, requiere de un gran valor para tomar caminos propios, caminos de realización muchas veces poco convencionales o que no se ajustan a los papeles preestablecidos como correctos por la sociedad de consumo. Se necesita la valentía de no vivir sujetos a la imagen, de aceptar nuestras fallas y desde ahí caminar, de no parecer «perfectitos» a los ojos de los demás, negando nuestras humanas necesidades y dualidades. Se requiere de probar caminos laborales, de organización de la pareja y la familia, de los roles femeninos-masculinos, de relación con los otros, de uso y ganancia del dinero, de aportes a la comunidad que partan desde la originalidad personal y grupal, y no desde esquemas dictados por la sociedad. En el transcurso de la vida muchas veces perdemos contacto con una motivación personal y es allí que la claridad meridiana de la conciencia y la clara voluntad juegan su papel. Quizás atravesaremos por etapas en que la noche oscura del alma no nos permita encantarnos con el contacto interno y nos sentiremos perdidos y desorientados. Es importante saber que el dolor, la confusión, el perderse, forman parte del caminar humano y que en la medida en que aceptamos la aridez de la falta de inspiración y nos abrimos a conectar nuestras propias oscuridades, nos estamos conociendo en el lado oculto de la luna. Es una gran oportunidad de concienciar nuestras fuerzas subterráneas para que no nos dominen desde lo oculto o lo inconsciente. Solo quien se conoce y acepta, aprendiendo a conducir sus temores, puede verse libre de una dictadura cultural como la nuestra que centra sus mensajes de consumo, estatus y éxito en los miedos e inseguridades de las personas. Los valores alienantes alejan al ser humano de su verdad y llevan a vidas insatisfactorias. Es esto lo que vemos en muchas personas que aparentemente deberían ser felices, puesto que tienen todo aquello que deberían tener. Sin embargo, son miserables en relación a sí mismas y bajo la máscara estética de felicidad, muchas veces esconden la frustración de no ser quienes son. Afortunadamente nunca es tarde; aun en el último aliento un ser humano puede reconocer a su alma y no importa si se es viejo o joven, las personas pueden comenzar a escuchar su voz interna. Ahora bien, el tema de las elecciones tiene una veta más sutil y está relacionada con la cotidianidad. En cada minuto estamos escogiendo hacia dónde dirigir el pensamiento, con qué emociones involucrarnos. Muchas veces no nos damos cuenta de que el pensamiento nos lleva de acá para allá como una nave a la deriva, gobernada por fuerzas que no conoce ni maneja. En el ser humano está toda la potencia para conocer y conducir conscientemente su flujo mental, lo cual requiere evidentemente de una disciplina de vida. Tenemos la tendencia a quedarnos pegados en ideas obsesivas y ello no hace sino conducirnos a construir nuestros particulares infiernos de neurosis varias. Cada instante escogemos si enfocar los problemas como oportunidades de mirarnos y ampliarnos, o quedarnos en el resentimiento y el reproche a la vida y a los otros. Cada momento elegimos ser felices o desgraciados de acuerdo al enfoque que damos a la vivencia. Así, por ejemplo, esperar en una cola puede ser una situación que nos acelere e indigne, o una oportunidad para respirar profundo, reflexionar, observar, pasarlo bien. Es nuestra elección de cada momento o las grandes decisiones de la vida en sintonía con el efluvio del alma, lo que nos lleva a una vida plena y feliz. |
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Pensamiento urbano. |
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¿Qué vemos, cuando vemos lo que vemos? ¿Vemos una realidad externa, independiente de nosotros y de nuestro observar? ¿O vemos una "realidad" condicionada por nuestros mecanismos de percepción (biológicos) y nuestra interpretación (modelo mental)? ¿Un perro, verá la misma realidad que vemos nosotros, los seres humanos? ¿Y un mosquito? ¿Verán la misma realidad un sacerdote Italiano, un militar iraquí, un niño ruso, una adolescente inglesa y un anciano hindú? Evidentemente no... Sabemos de las limitaciones de nuestros sentidos, sabemos que hay colores que no vemos (infrarrojo, ultravioleta), sabemos que hay sonidos que no escuchamos. Sabemos que a nuestro alrededor circulan ondas de radio y tv, que no podemos captar sino con un aparato especial. No se nos ocurriría comentar un libro luego de haber leído sólo una frase del mismo. Sin embargo ésto es lo que hacemos con el mundo que nos rodea. Creemos saber cómo es, creemos conocerlo, lo definimos, explicamos... y queremos tener razón. La única constante del universo es su permanente cambio ¿Cómo saber lo que algo es, si cambia continuamente? Dado que cada uno puede interpretar las cosas de una manera diferente, y ninguna es la verdad, ¿Significa ésto que cualquier interpretación da igual, que todas son semejantes? No, no toda interpretación es igual a cualquier otra. Acaso ¿es la verdad el único criterio que disponemos para discernir entre interpretaciones diferentes? Nuevamente no. Proponemos que el criterio más importante para optar entre diferentes interpretaciones es el juicio que podamos efectuar sobre el poder, la efectividad, el bienestar de cada una de ellas. Toda interpretación abre o cierra determinadas posibilidades, habilita o inhibe determinadas acciones. Aprender a cambiar nuestra mirada, a mirar de nuevas maneras, puede abrirnos posibilidades de acción y de intervención que de otra forma no serían visibles. La capacidad de transformación del mundo está asociada al poder de nuestras interpretaciones. Espero que estas simples reflexiones sirvan como una pequeña inspiración para generar nuevas miradas. Con la alegría del reencuentro, luego de un tiempo de silencio, hoy volvemos a reflexionar juntos. |
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