Reflexión de octubre de 2007

nº 33

El resentimiento.

El resentimiento es un juego miserable que jugamos con nosotros mismos y con otros. Es el precio que pagamos por no mirar la vida de los demás de manera honesta, compasiva realista y dispuesta a perdonar. Es un juego que tiene amargas consecuencias.

El resentimiento es ira dirigida hacia los demás. Nos enojamos con los demás por algo que debieran haber hecho o no debieran haber hecho. Se acumula al cabo del tiempo. Nuestro castigo empeora cada vez que vuelve a suceder.

Aparece el miedo. Comenzamos a tener miedo de situaciones en las cuales la gente puede fracasar con respecto a nuestras expectativa personales. Hay gente que queda paralizada por el resentimiento, por miedo de hacer algo y volver a "explotar" otra vez.

Este ciclo de energía negativa -de nosotros a otros- puede tener efecto devastadores. Envenena relaciones inhibe el crecimiento, sofoca la expansión. Duele. .Pone una enorme tensión en la mente, las emociones y el cuerpo. Con el tiempo puede matar.

Tal vez lo más trágico del resentimiento es que es completa, total y absolutamente innecesario.

El resentimiento y la culpa son el mismo proceso. La diferencia es que, con la culpa, somos nosotros los que no cumplimos con nuestra imagen de cómo nosotros deberíamos ser, y con el resentimiento es otra gente la que no cumple con nuestra imagen de cómo ellos deberían ser.

Las imágenes son nuestras. La ira es nuestra. Somos juez, jurado y verdugo. Con la culpa, la sentencia es en contra de los demás. (En todo lo que vamos a decir sobre resentimiento, cuando hablamos de gente también nos referimos a cosas -autos, equipos de sonido, el tiempo, la naturaleza, la comida, los comerciales de televisión. Con el fin de ser más claros nos referiremos a gente solamente. Por favor agregue "y cosas" en los momentos oportunos.)

Cuando resentimos a los demás, estamos protegiendo nuestra imagen de cómo deberían. Basados en los resultados, la imagen es falsa. Pero protegemos la imagen porque, después de todo, es más fácil proteger nuestra imagen y resentir a los que no están cumpliendo con ella, que cambiar nuestra imagen.

Tenemos mucho invertido en nuestra imagen de cómo se deben comportar los demás. Hemos heredado el plan básico de nuestros padres y maestros. Luego pasamos años enteros refinándola. Ahora que todas las variables están ubicadas, ¿por qué tenemos que cambiarla, simplemente porque hay gente desconsiderada que nos e molesta en cumplir con ella?

El problema es, por supuesto, la ira. Casi invariablemente nos hiere más a nosotros que a la gente contra quien la sentimos. Desde el punto de vista cardiovascular, la emoción más peligrosa y que más nos daña es la ira. Y también es una de las emociones más desagradables.

Odiar a la gente es como quemar la casa para deshacerse de una rata.

Harry Emerson.

Pensamiento urbano.

Para que exista amistad no es necesario un lazo de sangre ni que un contrato formal sea celebrado. La amistad es un vínculo frágil en el que las partes asumen un compromiso tácito en el que el respeto y la confianza son la sutil estructura sobre la que se construye la comunicación.

Hay quienes creen que la amistad es incompatible con otras relaciones. Pero por el contrario, es posible que ésta no sea sino una sólida y enriquecedora base... ¿por qué no ser amigos de colegas, parejas, socios, maestros... y discípulos? Pensémoslo de este modo: la amistad puede tener tantas formas como la capacidad de dar lo mejor de nosotros mismos adaptándonos a las circunstancias.

Los amigos se necesitan entre sí justamente porque no se necesitan. Esta es la desinteresada paradoja que pone en evidencia la autenticidad de una amistad. La fragilidad deja traslucir una secreta fortaleza que solamente se configura cuando en perfecto equilibrio, libertad y generosidad habilitan la serena dimensión en la que los verdaderos amigos pueden descubrirse mutuamente.

Existe una parte de nosotros que decide. Y nuestra vida es hecha de decisiones que fueron sucediendo y resultaron en mi presente momento. Es importante saber que parte es esta que toma las decisiones y como controlarla.
En la India, se llama a esta parte el buddhi.

Toma las decisiones basado en un conjunto de valores muy específicos que, sumados, podemos llamar conciencia. Así que, nuestras decisiones dependen de nuestra conciencia. Pregúntate hoy: ¿En qué conciencia estoy actuando?

 Si deseas borrarte manda un e-mail a boletin@tucoach.com | Números anteriores
Manuel Vallejo, Life Coach - Madrid, España
© Copyright 2004 tucoach.com. Inc. All rights reserved