Reflexión de octubre de 2006

nº 21

La supervivencia de tu equipo depende de ti.

Todos los seres vivos tienen un mecanismo de autorregulación que les permite su supervivencia y su descendencia. Es lo que se llama homeostasis. En el ser humano, por ejemplo, se requiere mantener la temperatura corporal dentro de ciertos límites. Si hace mucho frío, se producen movimientos de la sangre, cambios en sustancias bioquímicas, cambios mecánicos como tiritar para que los músculos generen energía, etc.

Todo con el objeto de recuperar algo de calor. Si, ahora sentimos mucho calor, entonces se producirá, entre otros fenómenos, una transpiración abundante con el objeto que el agua, al evaporarse, absorba el calor y la temperatura del cuerpo baje. Y esto sucede con todo nuestro arsenal de sustancias bioquímicas. Si no hay aumento de azúcar, algunas sustancias actuarán para bajarla. Si baja mucho, otras se podrán en acción para aumentarla. Existen abundantes substancias y acciones antagónicas, cuyos efectos se oponen unos a otros con el objeto de mantener un equilibrio dinámico necesario para mantener la unidad de vida.

Esto requiere un gran y constante empleo de energía. Afortunadamente para nosotros, no tenemos que ocuparnos demasiado en poner en acción las sustancias correspondientes. Nuestro propio organismo se encarga de autorregularse de manera independiente de nuestra voluntad y consciencia.

Esta tarea puede verse muy dificultada cuando hay pensamientos perturbadores que generan emociones negativas o alteradoras. Todo esto repercute en el equilibrio orgánico, alterándolo a veces de manera permanente y grave. Se sabe que ciertas emociones, generadas por hábitos mentales inadecuados, bajan las defensas inmunológicas, reduciendo mucho la capacidad del organismo de mantener su equilibrio interno ante la acción de agentes patógenos (virus y microbios). Una persona depresiva, rencorosa o negativa, enfermará más fácilmente y tardará más en recuperarse.

En el universo, los elementos no vivos, en cambio, se comportan de una manera muy distinta. Aquí rige la ley del mínimo esfuerzo, mientras menos energía se gaste mejor. En este sendito, el universo tiende al desorden (entropía). Si hay cambios atómicos en una estrella, por ejemplo, ésta nada hace por reestablecer su equilibrio anterior. Seguirá sus procesos hasta que un día se agote y desaparezca como tal.

 Los grupos humanos (una familia, un club, una asociación, una empresa, etc.) son organismos vivos formados por otros organismos vivos (sus integrantes). Se suele hablar de la empresa tal o el club tal, olvidando que no se trata de entes abstractos, sino que es una entidad formada pro seres humanos. Son sus integrantes los que le dan existencia y que permiten su desenvolvimiento.

Para que este organismo grupal sobreviva, tal como un arrecife de coral o una colmena de abejas, necesita que sus integrantes luchen por mantener sus equilibrios internos. Así como ocurre con cada individuo humano que se ve afectado por la acción del medio ambiente (cambios de temperatura, de presión, climas afectivos, etc.) necesitando de su proceso de homeostasis para mantener una armonía interior, así también un organismo grupal necesita reaccionar adecuadamente ante los cambios externos.

El universo funciona así y nosotros y nuestras organizaciones no podemos escapamos a sus leyes. Esto significa que para mantener la vida y progreso de cualquier grupo humano es necesario ocupar constantemente energía para mantener sus equilibrios dinámicos y para facilitar su supervivencia.

Una familia no será tal si sus integrantes no están constantemente ocupados en mantenerla y equilibrarla. Para que un grupo o club sobreviva en el tiempo, sus integrantes, bajo la conducción de líderes que tengan claro los objetivos, misión y visión del equipo, deben emplear constantemente su esfuerzo, voluntad y energía para que permanezca la armonía y la acción constructiva hacia un crecimiento y desarrollo constante. Un equipo morirá si no se hace esta acción consciente y voluntaria, tal como un organismo muere cuando ya no es capaz de reestablecer sus equilibrios internos: la unidad de vida desaparece. Un equipo no mantiene su existencia por sí solo.

Pensamiento urbano.

"Trata de verlo de mi modo", dice una hermosa canción de Lennon & Mc Carteney, "Podemos solucionarlo".

¿Por qué pasamos tanto tiempo esperando que sea el otro el que tenga que "ceder"? Acaso porque tendemos a ver la discusión como una competencia en la que sólo uno puede "ganar". ¿Contra quien competimos? Quizá el adversario no sea más que nuestro propio temor al cambio... descubrir que estábamos equivocados total o parcialmente y que deberíamos adaptarnos a una nueva situación.

Intentar verlo de otro modo, ponerse en los ojos del otro... es poder entender mejor la realidad. Acordar más adecuadamente las observaciones intersubjetivas, ajustar la lente.

Discutir es construir. Escuchar serenamente el argumento del otro es una actitud inteligente. Porque el conflicto (entre lo que yo sostengo y el otro cuestiona) es el motor del conocimiento dicen los constructivitas y creo que es una buena definición.

Por eso, evadir las discusiones es perderse lo más rico de la comunicación. Y es algo que solo depende de nosotros.

Para que exista amistad no es necesario un lazo de sangre ni que un contrato formal sea celebrado. La amistad es un vínculo frágil en el que las partes asumen un compromiso tácito en el que el respeto y la confianza son la sutil estructura sobre la que se construye la comunicación.

Hay quienes creen que la amistad es incompatible con otras relaciones. Pero por el contrario, es posible que ésta no sea sino una sólida y enriquecedora base... ¿por qué no ser amigos de colegas, parejas, socios, maestros... y discípulos? Pensémoslo de este modo: la amistad puede tener tantas formas como la capacidad de dar lo mejor de nosotros mismos adaptándonos a las circunstancias.

Los amigos se necesitan entre sí justamente porque no se necesitan. Esta es la desinteresada paradoja que pone en evidencia la autenticidad de una amistad. La fragilidad deja traslucir una secreta fortaleza que solamente se configura cuando en perfecto equilibrio, libertad y generosidad habilitan la serena dimensión en la que los verdaderos amigos pueden descubrirse mutuamente.                                   

 Si deseas borrarte manda un e-mail a boletin@tucoach.com | Números anteriores
Manuel Vallejo, Life Coach - Madrid, España
© Copyright 2004 tucoach.com. Inc. All rights reserved