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Reflexión de noviembre de 2006 |
nº 22 |
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Mira a tu alrededor. |
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Los seres humanos funcionamos por patrones que hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestra vida. El cerebro funciona por repetición: lo último que le metemos lo repite y lo repite hasta el infinito. Estamos llenos de pautas que repetimos una y otra vez. Los hábitos, las costumbres, las rutinas nos convierten en seres semi automáticos, perfectamente predecibles y previsibles. El problema de esto es que la mayor parte de las veces lo hacemos inconscientemente, sin darnos cuenta. Repetimos patrones y no somos conscientes de que lo estamos haciendo. Por una parte es bueno e interesante, ya que nos facilita la realización de muchas tareas sin necesidad de prestarles atención. Por otra parte nos lleva a situaciones de bloqueo y nos impide salir de los bucles interminables en los que nos metemos. Estos patrones son muy poderosos. Los llamamos anclajes y estamos absolutamente rodeados de ellos. De hecho son tan fuertes y están tan arraigados en cada uno de nosotros que romperlos no es nada fácil. No pienses que porque creas que algo es una buena idea la aceptarás inmediatamente y te moverás hacia ella. No lo harás si ese algo está fuera de tu experiencia y no está basado en un patrón previo. Precisamente eso es lo que te pasa, ¿verdad?, que tienes grandes ideas pero no te pones en camino. La intención principal del cerebro es crear patrones de experiencia, no ir en contra de la experiencia. Esto ha permitido al ser humano sobrevivir a lo largo de su historia. Pero en este mundo en el que vivimos actualmente, con sus cambios instantáneos, sus mercados cambiantes, la vida competitiva y acelerada, responder a patrones previos de experiencia nos paraliza y necesitamos para sobrevivir escapar de la experiencia con el fin de encontrar mejores vías, nuevas alternativas. La seguridad que daban esos patrones rígidos al hombre prehistórico, al hombre del medioevo o al hombre preindustrial de finales del siglo XIX ya no son siempre útiles para nosotros. Esta semana te propongo trabajar sobre el proyecto que definiste hace un par de semanas, en relación con una idea que querías implementar en tu vida personal, familiar o profesional. Puedes empezar por cinco pasos: 1. MIRA A TU ALREDEDOR. Tu tarea en este primer paso es crear tu propio espacio. Mira a tu alrededor y fíjate en lo que hay a tu alrededor, aquello que conoces mejor. Tú eres el mayor experto en ti mismo, en tu trabajo, en tu relación de pareja, en tu relación familiar. Nadie conoce ese espacio mejor que tú. 2. PREGÚNTATE qué está ocurriendo en tu mundo, en tu espacio. ¿Por qué y para qué estás haciendo las cosas de esa manera? Explora los distintos aspectos de tu vida y trata de encontrar las razones que te hacen permanecer ahí. Mira debajo de cada hábito, de cada rutina, de cada automatismo y pregúntate qué finalidad tienen, qué ganas con ello. 3. PREGÚNTATE el motivo por el que no cambias de camino, por el que no cambias eso que no te gusta, por el que no cortas esa situación, por el que no le das la vuelta. 4. ROMPE ESE ESPACIO de comodidad y plantéate nuevas vías, nuevas, oportunidades, nuevos caminos, haz que ese espacio sea más productivo, más divertido y más afectivo para ti y para quienes te rodean. 5. EXPERIMENTA y mide las consecuencias. Experimenta con esas nuevas ideas, con esas nuevas vías. Medir las consecuencias es una de las mejores herramientas de una inteligencia operativa. ¿Qué ocurre si cambias algo? ¿Cómo lo puedes saber? ¿Cómo lo puedes medir? ¿Cómo confirmarás que merece la pena el cambio? Con estos cinco pasos puedes diseñar tu nueva idea. Y cuando la tengas, puede empezar con otra, si quieres. |
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Pensamiento urbano. |
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Hoy quiero ser “buena persona”, quiero creer a los demás y dejar la desconfianza a las hienas, quiero ver el mar que se oculta tras cada muro y el cielo que me hurtan los edificios. Quiero creer, creer en el ser humano, creer en el sistema, creer en los ideales, creer en la paz. Hoy quiero leer paz en las sonrisas, esperanzas en los gestos risueños. Quiero dejar de buscar las vueltas y ser franco y honesto, cumplir las promesas, mirarme al espejo y no tener vergüenza, mandar el gesto mohíno a un rincón del armario del baño y no ponérmelo más por la mañana. Quiero mudarme a la utopía sabiendo que no es un lugar para vivir, sino una casa por construir, un solar abandonado que no se donde está y al que primero hay que llegar, por eso a la utopía siempre se va y nunca se está, y no olvidarme de esto para no equivocarme y quedarme a medio camino. Quiero dialogar con todos, que me cuenten que les importa y tan solo no escuchar a esos grajos negros que se instalan siempre en la valla del huerto de la esperanza y el debate constructivos, gritando con sus voces de serrucho “mio”, “mio”, “mio”. Quiero buscar en el baúl unos sueños de igualdad que me pensaba apolillados, unos ideales de gobierno del pueblo que pensaba ya me habían robado y un par de viejos zapatos para viajar a la alegría que creí habría tirado y ponérmelo todo para salir a gritar a la calle, que la calle no es de nadie, que la calle es nuestra, que este país y este planeta nos pertenece y que se ha de hacer con el, lo que a nosotros los humanos nos parezca, puesto que nuestro es y nuestro será si no nos dejamos atropellar. Hoy quiero incinerar “la mala persona” que un día consiguieron que fuera, en un entierro sin parientes, en una ceremonia sin ceremonia puesto que no lo merece y tirar las cenizas simplemente al contenedor, con la basura que es donde pertenece. Hoy quiero ser “buena persona”, mirarme al espejo y reconocerme al fin después de estos años de pesadilla, y no dejar nunca que esos pocos de siempre de nuestra historia encuentren jamás en mi a la mala persona que gracias a ellos un día fui, hoy quiero creer en la humanidad, porque aunque a veces no es buena materia prima de trabajar, es la única materia con la que contamos, y en buenas manos a veces nos permite moldear, la paz, la justicia, la esperanza y la solidaridad, y sin estos alimentos es imposible que sobreviva la humanidad. Hoy quiero ser “buena persona”, y prometerme a mi mismo no dejar de serlo jamás, y como seré una buena persona, probablemente cumpliré mi palabra y no me decepcionaré a mi mismo ni a los que me quieren nunca más. |
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