Reflexión de marzo de 2006

nº 14

El mayor fracaso es no llevar a cabo una idea por miedo al fracaso.

Te has preguntado: ¿Por qué la gran mayoría que se ilusiona con un proyecto, acto seguido, comienza a sentirse paralizado por el temor al fracaso? ¿De dónde surge el miedo al fracaso?, ¿qué es exactamente?

Las respuestas pueden ser tan variadas, como variadas las formas de interpretar una misma situación. El fracaso está en la mente de cada persona y en su manera de interpretar los posibles resultados derivados de alguna acción.

En verdad el temor al fracaso, como la mayoría de los temores, es totalmente ilusorio e irreal, es la anticipación de un evento que no ha ocurrido, pero que se siente como si estuviese ocurriendo ahora y paraliza.

Imagina por un momento... que comienzas a desarrollar una idea ambiciosa y apasionante al mismo tiempo. Decides llegar hasta las últimas consecuencias y desarrollas un plan de acción coherente con tu propósito; lo ejecutas con perseverancia y valentía, pero al final, después de un duro trabajo, descubres que los “resultados” son desafortunados.

¿Se podría decir que has fracasado? Pues “lamentablemente” la gran mayoría piensa que si. Te catalogan como un “fracasado”.

Seguramente, más del 90% de las personas que te rodean, estarán convencidos que “fracasaste” Te lo dirán o no, pero lo piensan y lo comentan entre ellos, y desde mi punto de vista, es precisamente lo que “podrían pensar” esas personas que te rodean, lo que te causa más temor, hasta el punto de no correr riegos para evitar lo que ellos, y tú, podrían percibir como fracaso.

"Un error no se convierte en verdad por el hecho de que todo el mundo crea en él." -Mahatma Gandhi

Pero entonces, cómo deberíamos catalogar a la gran mayoría, que ni siquiera intentan descubrir aquello con lo que podrían disfrutar y sentirse realizados, por temor a que los identifiquen en el grupo de los fracasados; previsores, discretos, inteligentes... 

Existe una gran diferencia que todos deberíamos valorar internamente. Quienes no obtienen el éxito esperado en uno, dos, tres o más proyectos, “fracasan” en uno, dos, tres o más proyectos. Sin embargo, quienes jamás lo intentan por miedo al fracaso o a lo que dirán, convierten toda su vida en una experiencia frustrante. ¿Cuál eliges?

Si tienes un proyecto para mejorar tu negocio, tu vida personal, o tu manera de contribuir, pon manos a la obra. Más vale correr el riesgo, que despertar dentro de 30 años, con el pensamiento martirizante de que pudiste haber tenido una mejor vida.

Recuerda; NUNCA fracasarás, solo obtendrás una experiencia muy valiosa. El éxito y el fracaso son simplemente interpretaciones o caras de una misma moneda. Si quieres tener éxito, tienes que aprender a fracasar.

Pensamiento urbano.

Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Everest inicio su travesía, después de años de preparación, pero quería la gloria para el sólo, por lo tanto subió sin compañeros.

Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y mas tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo decidido a llegar a la cima, le oscureció.

La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña , ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas eran cubiertas por las nubes.

Subiendo por un acantilado, a solo 100 metros de la cima, se resbalo y se desplomó por los aires, caía a una velocidad vertiginosa, sólo podía ver veloces manchas mas oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.

Seguía cayendo y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos sus gratos y no tan gratos momentos de la vida,

El pensaba que iba a morir, sin embargo, de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos. Sí, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguisima soga que lo amarraba de la cintura.

En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedo mas que gritar: "Ayúdame Dios mío..."

De repente una voz grave y profunda de los cielos le contesto:

"¿Qué quieres que haga?"

"Sálvame Dios mío "

"¿Realmente crees que te pueda salvar? "

"Por supuesto Señor "

"Entonces corta la cuerda que te sostiene..."

Hubo un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró mas a la cuerda y reflexionó.

Cuenta el equipo de rescate que al otro día encontraron colgado a un alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza, con las manos a una cuerda... a dos metros del suelo...

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Manuel Vallejo, Life Coach - Madrid, España
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