Reflexión de febrero de 2008

nº 37

Una vida igualitaria.

Nuestra vida cotidiana es profundamente igualitaria. Todos recibimos 24 horas diarias para vivir. Si tenemos un promedio de ocho horas para dormir, nos quedan todavía 16 horas cada día. En esto todos somos iguales.

Lo que hace la gran diferencia en la vida es el modo como aprovechamos este tiempo disponible. Para una gran cantidad de personas esto es muy poco tiempo. Quizás sea tu caso. Por ejemplo, si pasas las horas con miedo, inseguridad, falta de confianza en ti mismo y con temor a equivocarte, el tiempo se pasará sin darte cuenta. Al fin del día encontrarás que nada constructivo has hecho en la vida.

En otros casos, esas 16 horas parecen eternas. Por ejemplo, para quienes tienen actitud mental negativa, para quienes viven quejándose de los demás, culpando a los otros de lo que les sucede, esperando que los demás hagan algo para ser felices.

Los que juegan al “si no fuera por ti”. Si no fuera por ti, estudiaría. Si no fuera por ti, trabajaría. Si no fuera por ti, habría sido feliz, etc. Son los que se les pasan las horas culpando a los padres, al colegio o al gobierno de turno de su mediocridad.

Una mediocridad artificial, desde luego, porque las capacidades intelectuales, afectivas y físicas están intactas. Sólo que al culpar a los demás de lo que les sucede, les han entregado el control de su vida a otros. Entonces, esas horas diarias son largas y poco productivas.

Si enfrentas tu cuota diaria de vida con alegría y positividad, con disposición a disfrutar lo mejor posible de lo que te tocó vivir, entonces tendrás unas horas productivas y muchas veces, deliciosas. Nadie tiene todo lo que quisiera, pero mientras se actúa para conseguir una mejor calidad de vida, se puede vivir intensamente.

Hay muchas situaciones que disfrutar: el estar vivo, escuchar buena música, la conversación con un amigo, ingerir una comida sana, manifestar afecto a otra persona, los árboles y las aves que se posan en él, las flores del jardín, el cielo y sus nubes, un trabajo bien hecho,... Son cientos de pequeñas situaciones diarias de las cuales se puede aprender a disfrutarlas.

Tu actitud mental positiva, tu alegría de vivir, el amor que entregues a los demás, tu disposición para el servicio, son actitudes que te harán disfrutar de tus horas diarias, cualquiera sea la circunstancia o el lugar donde te toca vivir. Si ya estás en este mundo, ¿no es mejor disfrutarlo?

El ser humano tiene una gran propensión a elaborar excusas, disculpas y pretextos para neutralizar situaciones que lo comprometen. Ello le permite salir del paso, proteger su autoestima y reducir ansiedad que provoca la frustración.

Es cierto que las excusas nos hacen la vida más soportable, pero vivir permanentemente bajo este engaño exculpatorio puede acarrearnos consecuencias muy negativas.

Las justificaciones que empleamos nos proporcionan valiosos conocimientos sobre nosotros mismos y los demás. Pero sólo si estamos dispuestos a reflexionar sobre ellas

Pensamiento urbano.

Algunos piensan que la sinceridad es el acto de expresar nuestros sentimientos y pensamientos como estos son en un momento dado, pero debemos considerar:

1. la persona ante la que nos expresamos;
2. nuestros sentimientos;
3. nuestros pensamientos que incluyen nuestros planes e ideas;
4. la unidad de la conciencia o el “yo” que quiere expresarse.

En la mayoría de las circunstancias, el hombre se expresa según lo que él es en un momento dado, y porque no es siempre el mismo hombre, sus expresiones cambian, dando la impresión de que no es un hombre sincero sino que la sinceridad tiene que ver con un motivo.

No es fácil diferenciar entre un acto como el de ser sincero o falso, pero cuando se ve el motivo, uno es capaz de discernir la realidad que esta detrás de la expresión. Ninguno de nosotros puede ser verdaderamente sincero hasta que entremos en el dominio del “yo” permanente que esta dentro de nosotros.

Esto exige avanzar en dos sentidos. Por un lado, el cuerpo, las emociones y la naturaleza mental deberán estar tan disciplinados y purificados que expresen exactamente la voluntad del hombre interior. Por el otro lado, el hombre deberá ser, progresivamente, su verdadero Yo.

La sinceridad suprema del hombre empieza en el momento en el que el se convierte en su propio Señor y es capaz de usar sus vehículos para expresarse como él es. La sinceridad es la exteriorización exacta del hombre interior a través de sus palabras, emociones, pensamientos, ideas y gestos.

Ser sincero es ser lo que un hombre es esencialmente, y expresar esa esencia con una sencillez suprema. Son hipócritas quienes cambian incesantemente sus expresiones, cuando cambian sus motivos, sus intereses y su foco de la conciencia, debido a que están apegados a sus cuerpos, sentimientos y pensamientos; son inestables y mecánicos.

Hipócrita mas avanzado es quien tiene un motivo dudoso en uno de los niveles de la personalidad, y lo oculta en sus diversas expresiones, dando la impresión de que él es un hombre total, un hombre que se concreto.

La sinceridad es la irradiación de un hombre que alcanzo la unidad con su verdadero Yo, y ese Yo es ahora capaz de expresarse, sin impedimentos, a través de todos sus vehículos. La sinceridad es un contacto directo que proviene de la Chispa Interior.

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Manuel Vallejo, Life Coach - Madrid, España
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