Reflexión de enero de 2005

nº 10

Las elecciones de la vida.

Escuchar al alma y escoger en profunda fidelidad al llamado interno, requiere de un gran valor para tomar caminos propios, caminos de realización muchas veces poco convencionales o que no se ajustan a los papeles preestablecidos como correctos por la sociedad de consumo.

Se necesita la valentía de no vivir sujetos a la imagen, de aceptar nuestras fallas y desde ahí caminar, de no parecer «perfectitos» a los ojos de los demás, negando nuestras humanas necesidades y dualidades.

Se requiere de probar caminos laborales, de organización de la pareja y la familia, de los roles femeninos-masculinos, de relación con los otros, de uso y ganancia del dinero, de aportes a la comunidad que partan desde la originalidad personal y grupal, y no desde esquemas dictados por la sociedad.

En el transcurso de la vida muchas veces perdemos contacto con una motivación personal y es allí que la claridad meridiana de la conciencia y la clara voluntad juegan su papel. Quizás atravesaremos por etapas en que la noche oscura del alma no nos permita encantarnos con el contacto interno y nos sentiremos perdidos y desorientados.

Es importante saber que el dolor, la confusión, el perderse, forman parte del caminar humano y que en la medida en que aceptamos la aridez de la falta de inspiración y nos abrimos a conectar nuestras propias oscuridades, nos estamos conociendo en el lado oculto de la luna.

Es una gran oportunidad de concienciar nuestras fuerzas subterráneas para que no nos dominen desde lo oculto o lo inconsciente. Solo quien se conoce y acepta, aprendiendo a conducir sus temores, puede verse libre de una dictadura cultural como la nuestra que centra sus mensajes de consumo, estatus y éxito en los miedos e inseguridades de las personas.

Los valores alienantes alejan al ser humano de su verdad y llevan a vidas insatisfactorias. Es esto lo que vemos en muchas personas que aparentemente deberían ser felices, puesto que tienen todo aquello que deberían tener. Sin embargo, son miserables en relación a sí mismas y bajo la máscara estética de felicidad, muchas veces esconden la frustración de no ser quienes son.

Afortunadamente nunca es tarde; aun en el último aliento un ser humano puede reconocer a su alma y no importa si se es viejo o joven, las personas pueden comenzar a escuchar su voz interna.

Ahora bien, el tema de las elecciones tiene una veta más sutil y está relacionada con la cotidianidad. En cada minuto estamos escogiendo hacia dónde dirigir el pensamiento, con qué emociones involucrarnos. Muchas veces no nos damos cuenta de que el pensamiento nos lleva de acá para allá como una nave a la deriva, gobernada por fuerzas que no conoce ni maneja. En el ser humano está toda la potencia para conocer y conducir conscientemente su flujo mental, lo cual requiere evidentemente de una disciplina de vida.

Tenemos la tendencia a quedarnos pegados en ideas obsesivas y ello no hace sino conducirnos a construir nuestros particulares infiernos de neurosis varias.

Cada instante escogemos si enfocar los problemas como oportunidades de mirarnos y ampliarnos, o quedarnos en el resentimiento y el reproche a la vida y a los otros. Cada momento elegimos ser felices o desgraciados de acuerdo al enfoque que damos a la vivencia. Así, por ejemplo, esperar en una cola puede ser una situación que nos acelere e indigne, o una oportunidad para respirar profundo, reflexionar, observar, pasarlo bien. Es nuestra elección de cada momento o las grandes decisiones de la vida en sintonía con el efluvio del alma, lo que nos lleva a una vida plena y feliz.

Pensamiento urbano.

Para ser feliz no has de hacer nada, ni conseguir nada, sino deshacerte de falsas ideas, ilusiones y fantasías que no te dejan ver la realidad. Eso sólo se consigue manteniéndote despierto y llamando a las cosas por su nombre. 

Tú ya eres felicidad, eres la felicidad y el amor, pero no lo ves porque estás dormido. Nos han programado para ser felices o infelices (según aprieten el botón de la alabanza o de la crítica), y esto es lo que te tiene confundido. Has de darte cuenta de esto, salir de la programación y llamar a cada cosa por su nombre. 

Tanto la enfermedad, necesidad de sentirme querido, como la medicina que se ansía, el amor recibido, están basados en premisas falsas. Necesidad emocional para conseguir la felicidad en el exterior, no hay ninguna; puesto que tú eres el amor y la felicidad en ti mismo. Sólo mostrando ese amor y gozándote en él vas a ser realmente feliz, sin apegos ni deseos, puesto que tienes en ti todos los elementos para ser feliz. 

La respuesta de amor del exterior agrada y estimula, pero no te da más felicidad de la que tú dispones, pues tú eres toda la felicidad que seas capaz de desarrollar. 

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Manuel Vallejo, Life Coach - Madrid, España
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