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Reflexión para ti. |
Especial |
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El impulso vital. |
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Tus ojos ven aquello que tu mente proyecta porque los pensamientos son como imanes: atraen situaciones de la vida. Es así como inventas tu camino: a medida que avanzas en él.
Y en el camino están los otros, las
personas, la gente, el resto del mundo, en fin, los humanos como tú. Es
con estos seres que orquestas tu emotividad estableciendo un complejo
sistema de trueque afectivo donde dar y tomar no es siempre claro y
transparente. Ahora escucha esta buena noticia: tus conflictos tienen la clave para su resolución. Sí, tus íntimos huracanes desean mutar en suave brisa de primavera, ya que existe en todas las almas un punto fijo, un eje, un impulso que alienta la marcha. Es como un soplo, una intención de tu ser profundo que actúa defendiendo su derecho a la vida. Es eso cuyas manos invisibles te alzan cada vez que caes, aquello cuyo aliento nutre la llama de la esperanza aunque el camino se deshaga a tus pies. Reconócelo y apóyate en él. Te digo que cuando seas capaz de quitarle la máscara a ese personaje que proyectas al mundo, a eso que dice ser tú, podrás ver aquello que entorpecía tu andar, llenaba de humo tus ojos y de amargura tu corazón. Entonces algo sucederá, ya que la pulsación de la vida es contagiosa: si vences ese combate, te será devuelta toda la fuerza que creías perdida, algo se romperá dentro tuyo, como un río de energía que desborda y te inunda, como una peste sana que se desparrama y te contagia, como un viento de liberación que llena tus pulmones; sentirás la fuerza de la vida circular sin trabas en ti. Amor, dicen algunos. Unidad, dicen otros. Conciencia cósmica, armonía, éxtasis... llámalo como quieras. Lo cierto es que desde ese momento nada será igual que antes.
Tu pasado es inmutable: aquello que fue,
fue. Aunque tu boca no lo sepa explicar, en ti se hará presente aquello que sabe a la perfección cuál es tu meta y también el trazado de la marcha. Y no tienen nada que ver con la muerte: ese impulso supera la muerte y justifica tu vida. |
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Pensamiento urbano. |
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Se puede perdonar a los demás cuando uno mismo se haya perdonado. El perdón es la clave para una relación armoniosa, pero no funciona si no hay este perdón interno. Tengo que perdonarme porque, en cualquier conflicto, siempre hay dos lados que deben asumir su responsabilidad. Por lo tanto, debo aprender a perdonarme en lo más profundo de mi ser.
Sentarme conmigo mismo y
comprender la realidad de mi vida, porque cometí tal y tal error,
aceptarme y cambiar. Que esperas para empezar a regalar PERDÓN |
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