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Reflexión para ti. |
Especial |
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Siete maneras de mantenerse en paz. |
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1. Inversión de los juicios Practica el fijarte cuando juzgas o criticas a alguien o a algo. Por ejemplo, en la fila del supermercado puede que te sientas impaciente y pienses que la persona frente a ti es desorganizada o grosera. Rápidamente, invierte tu juicio y pregúntate: “¿Es esto verdad para conmigo también? ¿Soy grosera? ¿Soy grosera a veces, con otros o conmigo misma? ¿Estoy siendo grosera en mi interior al pensar que ellos lo son?” Este ejercicio retira tu atención de “el otro” y la coloca en ti. El perdón surge natural-mente. El adjudicarle la culpa o el juicio a otro te vuelve impotente para cambiar tu experiencia; el asumir responsabilidad por tus creencias y juicios te da el poder de cambiarlos. Recuerda, más allá de la apariencia de quienquiera que sea el que estés mirando, se encuentra siempre Dios disfrazado, parado frente a ti para que puedas conocerte. El invertir los conceptos permite el completo perdón. El perdón conduce a la conciencia de uno mismo y reestablece la integridad personal. 2. Las tres clases de asuntos Observa, cuando te sientes herido, que estás mentalmente fuera de tu propio asunto. Si no estás seguro, detente y pregúntate: “Mentalmente, ¿En el asunto de quién estoy?” Sólo existen tres clases de asuntos en el universo: los míos, los tuyos y los de Dios. ¿De quién es asunto si ocurre un terremoto? De Dios. ¿De quién es asunto si el césped de tu vecino está horrible? Es asunto de tu vecino. ¿De quién es asunto si estás enfadado con tu vecino porque su césped está horrible? Es asunto tuyo. La vida es simple, es interna. Cuenta, en intervalos de cinco minutos, cuántas veces estás, mentalmente, en un asunto ajeno. Nota cuando das un consejo que no se te ha pedido u ofreces tu opinión sobre algo (en voz alta o en silencio). Pregúntate: “¿Estoy en el asunto de otro? ¿Me pidieron ese consejo?” Y, aún más importante, “¿Puedo tomar este consejo que estoy dando y aplicarlo a mi propia vida?” 3. Estar en el asunto de nadie Luego de trabajar con la práctica de estar fuera de los asuntos ajenos, trata de estar, incluso, fuera de tu propio asunto. Toma con ligereza cualquier cosa que pienses que sabes sobre ti mismo. “Estoy contenida dentro de este cuerpo físico. ¿Es verdad esto? ¿Puedo saber, absolutamente, que es verdad? ¿Qué gano con aferrarme a este pensamiento?” Existe una creencia generalizada de que somos nuestros cuerpos, y de que moriremos. “¿Quién sería yo sin ese pensamiento?” 4. “Desentenderte” de tu cuerpo / tu historia Al hablar sobre ti, trata, por un período de tiempo, de hablar en tercera persona, en vez de referirte al “yo” o a “mí”. En lugar de decir, “Voy a almorzar”, di, “Ella va a almorzar”, (refiriéndote a ti), o “Esta va a almorzar”. Haz esto con un amigo por una hora, una tarde o un día entero. Elimina el uso de todo pronombre personal (yo, mí, nosotros). Refiérete a ti y al otro en tercera persona. Por ejemplo, “¿Cómo está ése hoy? ¿Quiere ir al parque?” Experimenta las historias, las preferencias y el cuerpo que crees que eres de manera impersonal. 5. Hablar en tiempo presente Hazte consciente de cuán a menudo tu conversación se enfoca en el pasado o en el futuro. Date cuenta de los verbos que usas: era, hizo, harán, etc. Hablar del pasado es redespertarlo y recrearlo enteramente en el presente, aún si sólo en nuestras mentes, y perdemos lo que está presente para nosotros ahora. Hablar del futuro es crear y vivir una fantasía. Si quieres sentir miedo, piensa en el futuro. Si quieres sentir vergüenza y culpa, piensa en el pasado. 6. Lavar los platos “Lavar los platos” es la práctica de aprender a amar la acción que está, en este momento, frente a ti. Tu voz interior o intuición te guía, durante todo el día, para hacer cosas sencillas, como lavar los platos, conducir al trabajo o barrer el suelo. Permite la santidad de la simplicidad. Escuchar tu voz interior y luego actuar conforme sus sugerencias, con entera confianza, crea una vida más agraciada, libre de esfuerzo y milagrosa. 7. Escuchar la voz de tu cuerpo El cuerpo es la voz de tu mente, y te habla por medio de movimientos que se manifiestan en contracciones musculares tales como tirones repentinos, punzadas, cosquilleo y tensión, para mencionar algunos. Hazte consciente de cuán a menudo te alejas de la paz o la calma. Practica la quietud y permite que tu cuerpo te hable de dónde tu mente se contrae, sin importar lo sutil que pueda ser la contracción. Cuando notes alguna sensación, investiga internamente, “¿Qué situación o pensamiento estrecho está provocando esta sensación física? ¿Estoy fuera de alineamiento con mi integridad en esta circunstancia? Si es así, ¿Dónde? ¿Estoy dispuesto a soltar esta creencia o pensamiento que le causa a mi cuerpo esta contracción?” Escucha y permite que las respuestas te guíen, y regresa a la paz y a la claridad internas. |
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Pensamiento urbano. |
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Si el día está lleno de problemas, ¡alégrate! Estás ante un desafío digno de tu fuerza y tu capacidad, uno que te fortalecerá más aún. No esperes que la alegría y la felicidad vengan a ti. Haz que fluyan de ti. Emana alegría y comprenderás lo que la alegría es. No prestes atención a las circunstancias. Van y vienen. Deja que tu alegría las trascienda y las transforme. Los problemas del día a día pronto serán historia. Tú, por otro lado, tienes el privilegio de estar vivo y de poder trascender cualquier desilusión, sin importar cuán grave pueda ser. Llena tu corazón de alegría y te sorprenderás por la cantidad de oportunidades que súbitamente aparecerán ante tus ojos. Pon una sonrisa en tu rostro y mira cómo tus acciones se vuelven más efectivas. Desparrama alegría a tu alrededor y siente su calidez volviendo a ti. Es un maravilloso día para estar vivo. Así que siéntete así de vivo con alegría y harás que sea aún mejor. |
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